Muy cerca el Convento de Capuchinos y en pleno Casco Antiguo, se alza un edificio religioso de gran
singularidad y enigmático en sus orígenes. La iglesia de San Juan de Letrán de Ubrique, construída
en el siglo XVIII es de autor desconocido y es el Centro de Interpretación de la Historia de
Ubrique. El proyecto arquitectónico de rehabilitación y adecuación de la ermita han sido obra del
responsable de la Oficina de Urbanismo Municipal y se ha enmarcado dentro del programa denominado
"Cultur Cad".
La fachada de la antigua iglesia de San Juan se articula en tres
calles separadas por pilastras de orden toscano colosal, apeadas sobre plintos que forman un
zócalo, las cuales abarcan las dos alturas de vanos y sustentan un breve y sencillo ático que
sustentaría un hipotético frontón irrealizado. La calle central es el triple de ancha que las
laterales y acoge un gran arco triunfal rehundido, en el fondo del cual se abriría la primitiva
portada, hoy desaparecida. Las calles laterales se organizan, de abajo arriba, en un vano con arco
de medio punto, un medallón rehundido y otro vano adintelado, bajo el que corre una cornisa que se
prolonga en la línea de impostas del arco triunfal. La fachada carece de ornamentación alguna,
aparte de la descrita, ya que incluso la elección del orden toscano resulta determinante a la hora
de definir el carácter sobrio y elemental de esta composición. Las cornisas, tanto las del ático
como la que separa los dos cuerpos de la fachada, son de la mayor simplicidad.
La
iglesia de San Juan de Letrán estuvo abierta al culto, al menos, hasta 1815. el ubriqueño Pedro
Romero, fundador de la ermita-hospital de San Pedro, destinó en su testamento 2000 reales como
contribución piadosa a la reconstrucción de la ermita de San Juan de Letrán. Pero la obra no se
pudo terminar, y el proyecto quedó paralizado y abandonado.
Extraído del artículo titulado "Más de veinte años haciendo Historia", de
Alejandro Pérez Ordoñes, licenciado en Historia del Arte.
En 1633, Don Rodrigo Ponce de León, Duque de Arcos, Marqués de
Cádiz y Señor de las Cuatro Villas, expresó al Padre Capuchino Agustín de Granada su deseo de que
esta orden fundara un Convento en Ubrique, a fin de atender espiritualmente a los vecinos.
El edificio primitivo era de una austeridad propia de estas
construcciones del Siglo XVII. Del exterior destacan sus contrafuertes por la sencillez y robustez
de los mismos. La capilla es de una sola nave con bóveda de cañón. La fachada está orientada al
Este rematada en frontón, en el que se abre una ventana al coro y da luz sobre el presbiterio y el
camarín de la Virgen.
El Convento de Capuchinos de Ubrique alberga actualmente la exposición
Manos y Magia en la Piel, donde se representa la tradición marroquinera que relaciona a Ubrique con
la piel desde tiempos remotos.